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Lash habla de las formas tecnológicas de vida, y nos dice que a través de ellas comprendemos el mundo por medio de sistemas tecnológicos. Al igual que Manovich, éste expresa que la cultura tecnológica existe a distancia. Como las formas de vida social están a distancia, no se puede navegar esas distancias ni desarrollar la socialidad al margen de la interfaz maquinal, es decir que no puedo lograr esa socialidad en ausencia de sistemas tecnológicos. Los cuerpos sociales, así como las instituciones de los Estados-naciones, sólo pueden hacer interfaz entre sí o con los sistemas tecnológicos si tienen un cierto grado de apertura. Con la tecnología las formas de vida se aplanan, se vuelven no lineales, se elevan en el aire.
Lash también coincide con Manovich, cuando habla de la reflexividad de la cultura tecnológica, para ambos no se trata de un proceso de reflexión independiente, ya que falta el tiempo y el espacio para ese tipo de reflexión. Pensar es al mismo tiempo hacer y también comunicar, en esta cultura la raflexividad se convierte en práctica, en comunicación. Las formas tecnológicas de vida son no lineales, esta ruptura con la linealidad implica una aceleración. El la aceleración, la cultura es cada vez más fugaz, es así como por ejemplo un artículo periodístico sólo tiene valor durante un día. Como resultado de la descomposición del tiempo lineal aparece la sociedad de riesgo, hay inseguridad.
En las formas tecnológicas de vida, nuestra mirada se posa en el futuro, buscamos la seguridad invirtiendo en inseguridad, la nueva generación no es la “generación de hoy”, sino la “generación que aún no es”.
Lash es contundente al afirmar que las formas tecnológicas de vida están expandidas. Existe una comunidad imaginada, ya que es imposible que sus miembros se conozcan unos a otros cara a cara, esta comunidad es el croquis de una cultura a distancia. Los vínculos espaciales y los lazos sociales se rompen, luego se reconstruyen como enlaces de redes no lineales y discontinuas. La cultura tecnológica es una sociedad red. Los enlaces de las redes, como afirma Latour, son más “topológicos” que ”topográficos”, estas no están conectadas por el lazo social, sino por enlaces socio técnicos. Estos vínculos se , mantienen unidos por las comunicaciones, como el llamado telefónico, un partido televisado para todo el mundo, etc. La sociedad red es una sociedad de flujos, de comunicaciones globales, es menos una sociedad de la información que una sociedad de las comunicaciones.
Se trata de un espacio genérico, elevado en aire, donde la característica central es la ausencia de identidad.
Para Lash, al igual que Lewkowicz, toda la propiedad intelectual (la patente y copyright) está elevada en el aire, y se basa en la acumulación de información, de diferencia. Todo prototipo debe ser diferente del anterior. Y agrega que en el capitalismo tecnológico, el poder actúa más a través de exclusión que de la explotación. La propiedad intelectual acarrea el derecho a excluir. El poder ahora procede en virtud de la inmediatez de la información y las comunicaciones.
Latour nos habla de las relaciones de los humanos con los no humanos, para él es erróneo afirmar que poseemos un dominio sobre los no humanos, así como también es falso decir que estos últimos nos dominan.
Para ello pone el ejemplo de las armas de fuego, y se pregunta, quién es responsable del acto de matar, y nos aclara que no son ni las personas ni las pistolas las que matan, sino que la acción debe ser compartida por los distintos actantes, se trata de una asociación de actantes. Es decir que las metas quedan redefinidas por las asociaciones con los actantes no humanos, y la acción es una propiedad de toda la asociación, no sólo de los actantes llamados humanos. Al tomar la pistola, primero la modifico porque la vuelvo una herramienta y luego la uso para actuar sobre otro, de esta manera ambos se modifican, no sólo la pistola también quien la usa, por esto la acción es compartida.
Para aclararnos más su idea, Latour agrega que es evidente que un objeto tecnológico debe estar en manos de un sujeto humano, capaz de concebir propósitos, y que es él quien debe ponerlo en marcha, pero su argumento es simétrico, lo que es cierto para el objeto es más cierto aún si lo aplicamos al sujeto. Es posible que la acción y la intencionalidad no sean propiedad de los objetos, pero tampoco lo son de los humanos. Son propiedades de las instituciones, de los aparatos, de lo que Foucault llamaba dispositivos.
La gran hazaña de lo que llama industria es conceder a la materia una propiedad nueva, una propiedad que se suele considerar como algo exclusivamente social, la capacidad de relacionarse con otros seres pertenecientes al mismo género. Los no humanos muestran esta capacidad cuando son parte del ensamblaje de actantes al que llamamos máquina. Donde las herramientas se relacionan unas con otras, creando una agrupación de relaciones laborales y materiales. Crear una relación entre no humanos en un ensamblaje de máquinas regid por leyes y del que dan cuenta una serie de instrumentos, significa reconocerles una especie de vida social. Los no humanos se han socializado hasta tal punto que tienen la capacidad de crear por sí mismos un ensamblaje, como si tuviera plena autonomía.
“Hoy nos encontramos e medio de una nueva revolución mediática, que supone el desplazamiento de toda la cultura hacia formas de producción, distribución y comunicación mediatizadas por el ordenador”, dice Manovich. Esta revolución afecta a todas las faces de la comunicación, y abarca la captación, la manipulación, el almacenamiento y la distribución, y también afecta a los medios de todo tipo, como textos, imágenes fijas y en movimiento, sonido, etc.
Los nuevos medios representan la convergencia de dos recorridos históricos separados, como son las tecnologías informáticas y mediáticas.
Los medios actuales se traducen a datos numéricos a los que se accede por ordenador, así es como los gráficos, imágenes, sonidos, etc., se vuelven computables; es decir conjuntos simples de datos informáticos. De esta manera, los medios se convierten en nuevos medios.
Internet, dice Manovich, cristalizó la condición básica de la nueva sociedad de la información: la sobreabundancia de datos de todo tipo.
La lógica de los nuevos medios corresponde a la lógica de la distribución postindustrial, a la producción a petición del usuario y al justo a tiempo. La variabilidad de los nuevos medios consiste en que cada objeto da lugar a varias versiones diferentes, en vez de copias idénticas.
La sociedad postindustrial en la que están inmersos los nuevos medios, valora la individualidad por sobre el conformismo. Cada ciudadano puede construirse un estilo de vida a medida, y seleccionar su idiología. En el plano de la comunicación entre el hombre y el ordenador, al usuario se le dan varias opciones para modificar el funcionamiento de un programa o de un objeto mediático, ¿queremos, o necesitamos, ese tipo de libertad? se pregunta Manovich. Al traspasar las elecciones al usuario, el autor le traspasa también la responsabilidad de representar el mundo y a la condición humana.
Se debe hablar de un nuevo tipo de identificación. Las tecnologías culturales de una sociedad industrial, el cine y la moda por ejemplo, pedían que nos identificáramos con la imagen corporal de otra persona, ahora los medios interactivos piden que nos identifiquemos con la estructura mental de otra persona.
Las operaciones informáticas codifican en su diseño las normas culturales vigentes. Esta nueva condición culural encuentra su reflejo en el software informático que surge en los ochenta y privilegia la selección de elementos mediáticos ya confeccionado a crearlos desde cero. Y en gran parte es ese software el que, hace posible la postmodernidad.
La lógica de la estética posmoderna de los ochenta es diferente a la lógica de la composición con el ordenador de los noventa. En la primera se destacan las fronteras entre los elementos, mientras que la segunda está caracterizada por la fluidez y la continuidad, los elementos se funden entre sí y se borran los limites, no se destacan. Esta continuidad lleva al engaño, dice Manovich.
Las era del ordenador introduce un paradigma diferente, que tiene que ver, no con el tiempo sino con el espacio. El problema ya no es cómo crear imágenes individuales convincentes sino cómo mezclarlas entre sí.

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